La única película dirigida por Josep Escobar, padre de Zipi y Zape, resucita | Festival de Cine de San Sebastián

A pesar de favor trabajado durante primaveras en el mundo de la animación, quedan pocos rastros de este trabajo de Josep Escobar (Barcelona, ​​1908-1994), padre de personajes como Carpanta, Petra (creada para todo, advertía el eslogan que acompañaba a su nombre) y, sobre todo, Zipi y Zape, uno de los llamados cinco grandes nombres de la Editorial Bruguera en los primaveras 50, uno de los autores de historietas más famosos de España. Ni el propio Escobar habló de ello primaveras posteriormente, por lo que la restauración de su Era una vez… (1950), un largometraje del que sólo quedaron huellas en blanco y sable y que volvió al color tras ocho primaveras de trabajo, se convierte en un acontecimiento cultural. Era una vez…, codirigida por Alexandre Cirici Pellicer, se proyectó en el festival de San Sebastián, y se verá el 27 de octubre en la Filmoteca de Catalunya, responsable de su revitalización, y llegará probablemente a las salas comerciales. Finalmente, Era una vez… disfrutarás de un final acertado.

Imagen de la copia restante en blanco y negro de 'Érase una vez...'.
Imagen de la copia restante en blanco y sable de ‘Érase una vez…’.

La historia de Era una vez… está encadenado a las sombras del franquismo. El propio Escobar fue víctima de la Lucha Civil. Con escasamente 17 primaveras (ya trabajaba a los 14), en 1925 pasó un concurso divulgado en Correos, lo que le dio una estabilidad económica que le permitió entregarse horas a su pasión: el dibujo. En la término venidero colaboró ​​en revistas como la grajilla ningún L´Esquella de la Torratxa, igualmente crear películas animadas, como El ratón que frotaba las escaleras (1933), del que no queda huella. Tras la Lucha Civil, fue purgado por Franco, condenado a seis primaveras de prisión -de los que cumplió uno- y perdió su puesto de funcionario. Así, en la término de 1940 empezó de cero, trabajó unos meses como animador en Hispano Grafic Films, donde había trabajado antaño de 1936, y volvió a sus colaboraciones con revistas.

Imagen restaurada de 'Érase una vez...'.
Imagen restaurada de ‘Érase una vez…’.

Así, para que Escobar colabore en la creación de Era una vez… no había nulo inusual en ello. Si el primer largometraje de animación en color del cine castellano, garbanzos manchegos (1945), fue inventado por rectores franquistas para exaltar los títulos patrióticos del momento, el segundo, en cambio, fue ensamblado cinco primaveras posteriormente por figuras catalanas. Y en la pantalla se nota por los numerosos guiños a la civilización catalana. Lo empezó Josep Baguñá, cuando se acabó el efectivo en la producción, Félix Millet Maristany, patrocinador de la civilización particular como promotor del Orfeó Català, juegos florales o espectáculos folclóricos. Millet contrata a su cuñado, Jordi Tusell, para que se haga cargo de la película de 80 minutos; por consiguiente, es propiedad intelectual de Impresión Films, actualmente dirigida por su nieto Félix, y que colaboró ​​en la restauración. Formaban parte del equipo, como cabecilla de producción, Josep Benet, historiador y futuro senador por la Entesa dels Catalans en 1977, y como director, Alexandre Cirici Pellicer, crítico de arte y publicista.

Si Escobar aportó los diseños e incluso novedades en los sistemas técnicos de animación, Cirici Pellicer aportó su sensatez artística, “que se refleja en todos los fondos y edificios, inspirados en el Renacimiento”, dice Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Catalunya. Era una vez… Además incluye una novedad fascinante: la inclusión de actores de carne y hueso en los rodajes de, por ejemplo, secuencias de muñecos danzantes, por lo que aparece Esbart Verdaguer, una entidad que recupera los bailes tradicionales. “Es más que una película pueril, nos trae el eco de un excelente trabajo primoroso y de la civilización catalana de la época”, explica el historiador.

Imagen de Esbart Verdaguer en 'Érase una vez...'.
Imagen de Esbart Verdaguer en ‘Érase una vez…’.

La carrera comercial de la película fue un fracaso correcto a la larga sombra de Disney. El asunto es una adecuación de la cenicienta y como coincide en el tiempo con otra interpretación de la historia de Charles Perrault, la del estudio de Hollywood, deben cambiar de título. Las cosas empeoraron: luego de que la película recibiera un premio en el Festival de Cine de Venecia, el encontronazo con Disney provocó que su estreno se redujera a ocho copias. Rodada en los estudios Orphea de Montjuïc en Cinefotocolor, una modesta alternativa particular al Technicolor, igualmente se realizaron copias más económicas para colegios, parroquias y ateneos en blanco y sable y 16mm. “Este es el material que sobrevivió”, explica Riambau, “y en ese formato hubo un renacimiento en 1960″.

Mientras tanto, Escobar creó cursos por correspondencia en 1953 para cultivarse a dibujar y se centró en la historieta y el teatro. Allí arraigó su inscripción, pero nunca volvió al cine como creador.

restauración meticulosa

Era una vez… habría muerto allí, en los almacenes de la Filmoteca de Catalunya, de no ser porque, por su valía histórico y primoroso, su restauración comenzó en 2004. Un alucinación de ocho primaveras, en los que se devolvió el color llamativo a la gran pantalla a partir de las pistas que ofrecen 100 fotogramas de 35 mm que han sobrevivido en una colección privada. “Fue un trabajo muy espléndido, en el que igualmente revivimos su sonido, pero en pantalla el resultado es maravilloso”, dice Riambau.

El baile de los caballos en 'Érase una vez...'
El ballet de los caballos en ‘Érase una vez…’

En pantalla se combinan las indiscutibles influencias de Disney, con secuencias que recuerdan poderosamente los mejores momentos de Disney. Me gusta (1940) y Dumbo (1941), con cuidado por la ambientación renacentista. “Era muy novedoso para la época”, dice el director de la Filmoteca, que contó con el obligado restaurador Luciano Berriatúa en el equipo de reconstrucción, Enric Giné en la recuperación del sonido y todo bajo la dirección de la comisaria Rosa Cardona. Berriatúa destaca en la documentación de esta nueva interpretación: “Además había un libro de 158 pegatinas, pero sus colores habían sido añadidos por la editorial FHER a las imágenes en blanco y sable, lo que hacía que estos colores no fueran muy fiables. Finalmente, encontramos algunos fondos originales. Pero el número total de tomas de la película fue de 647, lo que significa que hubo muchas tomas de las que no teníamos información de color”. Aunque no aparecen así en los títulos de crédito, Filmoteca ahora firma tanto a Cirici como al dibujante. porque, según Riambau, “es un acto de ecuanimidad poética con la figura y obra de Escobar”.

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