La mesa buena y fatídico de los bolivianos

¿Cómo son el majadito de Santa Cruz, el saice de Tarijeño, el chairo de La Paz, el silpancho de Cochabamba, el masako de Benian, el charquekán de Orureño, el chajchu de Potosino, el picante variado chuquisaqueño y la farofa de Pandina? Pues en la medida en que están llenos de hidratos de carbono, a los que suelen añadir grasas saturadas y, en sus expresiones más respetables, glutamato monosódico. Por no charlar del resto de rudimentos con los que se suelen combinar en las ocasiones especiales en las que se suele consumir. El problema se agrava al recapacitar que poco muy diferente no sucede con los platos que los bolivianos sirven a diario.

Las estadísticas del caso, si faltan pruebas, fueron concluyentes. Un crónica del Consejo Doméstico de Nutriente y Ingestión (CT-Conan) publicado en 2014 ya apuntaba al desequilibrio en la dieta promedio de los bolivianos. Según el CT-Conan, cada boliviano consumía entonces 92 kilos de papa al año, 47 kilos de harina, 34 kilos de azúcar y 32 kilos de arroz. Luego se encontraron sobre esa mesa 29 kilos de pollo y 25 kilos de óleo. Estaban remotamente de ser los únicos 2 kilos de zanahorias y 2 kilos de quinua que consumen los bolivianos de a pie.

El hecho de que los carbohidratos predominen en la dieta boliviana tiene sus consecuencias conocidas y muchas veces advertidas. “Cuando consumes alimentos ricos en carbohidratos, el cuerpo tiende a gastarlos en actividad física —recuerda la nutricionista Rita Medina—. Pero si no hay una actividad física proporcionada, los carbohidratos no se utilizan y el cuerpo los almacena como lubrificante, como triglicéridos. Los escolta en cada víscera. Los almacena en el hígado, corazón, arterias, etc. Y la acumulación de tanta lubrificante conduce a una enfermedad.

En otras palabras, genera cambios metabólicos, es afirmar, se alteran las reacciones químicas naturales en las células del cuerpo. En consecuencia, surgen la obesidad, la diabetes y el hígado pringoso (que conduce a la cirrosis). Asimismo es la causa de problemas cardiovasculares como ataques cardíacos, derrames cerebrales, presión arterial entrada y varios problemas renales. Medina resume este género como las enfermedades crónico-degenerativas que hoy constituyen una flujo.

obeso y hambriento

Las consecuencias de estas dietas que se extienden a generosas dosis de chicharrones, timpo, pimientos, patascas, etc. Hicieron que Bolivia se destacara en las tablas internacionales. En 2020, una investigación realizada por Unicef, la Universidad Viejo de San Andrés y el Ocupación de Salubridad estableció un indicador preocupante: tres de cada 10 estudiantes bolivianos tienden a tener sobrepeso y obesidad. El número específico es el 35,6% de los bolivianos entre 5 y 18 primaveras. De estos, el 11,1 por ciento ya eran obesos y el 2,2 por ciento eran severamente obesos.

Este récord colocó al país como el segundo más afectado por esta flujo en América Latina. A nivel de la población adulta, un estudio previo realizado por la Ordenamiento de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Nutriente dio la voz de sobresalto: el 19 por ciento de los bolivianos eran obesos y la tendencia era augurar que esa monograma aumentaría considerablemente en los próximos primaveras. . Por esta razón, el país ha mantenido altos índices de desnutrición. La caída parcial en los registros de desnutrición crónica de Bolivia en las últimas décadas ha sido compensada en gran medida por los sobrealimentados.

Nueva vida, misma dieta

¿Por qué los bolivianos comenzaron a encontrarse afectados por una acumulación morbosa de lubrificante en sus cuerpos? “Antiguamente, a la población que habitaba el país se le exigía la maña de una actividad física importante —dice Medina—. Por lo tanto, su dieta requería carbohidratos. Sembrar, cosechar, llevar agua, caminar largas distancias, actividades de supervivencia implicaban este desembolso de energía. Pero todo eso ha cambiado; sin confiscación, se siguió manteniendo el parada consumo de alimentos que ayudan con la energía”.

Los cambios relacionados con la colonia, la modificación de las actividades laborales y diversas influencias relacionadas con la modernidad desencadenaron el problema. Las ciudades se poblaron y cientos de miles de bolivianos abandonaron las actividades mineras y agrícolas. Se dedicaron al comercio, transporte automovilístico y diversos tipos de servicios marcados por hábitos sedentarios. Encima, estas nuevas condiciones venían acompañadas no solo de alimentos tradicionales, sino incluso de productos cargados de hidratos de carbono y otros complementos poco saludables.

Tallo y especias fatales

“Se despobló la zona rural, incluso hubo una reducción de la población minera y crecieron las ciudades”, explica el agente de sanidad Enrique Mendoza. El auge del contrabando, el trabajo informal, las ferias y los mercados, los negocios ‘ene’ donde la concurrencia se mueve poco o mínimo, sedentaria, explotó. Otros se dedicaron a conducir taxis, minibuses y micros. Muchos optaron incluso por talleres y trabajos en empresas como fotocopiadoras y centros de internet, o vendiendo su propia comida. Para todo este mundo, la comida rápida, la comida chatarra, los dulces han llegado para completar. Las consecuencias empiezan a satisfacer los consultorios, las clínicas y las multimillonarias farmacias”.

Este prosperidad probablemente comenzó con el consumo masivo de refrescos, dulces, conservas y embutidos cargados de azúcares, saborizantes o conservantes artificiales. “Todo, como sabemos, fue alimentado por campañas publicitarias que fascinan a la concurrencia”, agrega Mendoza. Ingredientes que en muchos países están prohibidos o sujetos a advertencias en los envases, aquí en estos momentos se consumen como agua. Ahí tenemos los polémicos productos transgénicos a nuestro querido aji no moto o glutamato monosódico”.

Escasamente una delicada tecla toca quizás el más popular de los condimentos asimilados por la cocina boliviana en las últimas décadas. “Muchas personas utilizan productos que realzan el sabor en la preparación de alimentos —explica la nutricionista Verónica Cortez Yáñez—. Principalmente cubitos, sopas instantáneas, etc. se utilizan en sopas. la mayoría contiene glutamato monosódico. Este químico inflama las papilas gustativas para que puedas gozar más; No es que la comida sea más rica, sino que la germanía estaba inflamada. Pero así como irrita la germanía, irrita todo el maquinaria digestivo y provoca ardor, colon irritable, hemorroides, etc. Este tipo de productos matan nuestra flora intestinal, destruyen el intestino, lo vuelven insalubre y que no hay una buena digestión.

los grandes ausentes

Y así como se nota el exceso de carbohidratos en la buena comida boliviana, incluso se nota mucho una gran marcha: verduras y frutas. El consumo de ensaladas es ocasional y escaso, en normal. Con esta carencia, explican los expertos consultados, el organismo se ve privado de una serie de valiosas vitaminas y minerales. Las consecuencias exacerban la pandemia de desnutrición de los oprimidos bolivianos.

“Las verduras están casi ausentes en la dieta boliviana, por lo que hay una deficiencia de vitaminas y minerales que provocan otro tipo de trastornos”, señala Medina. Esto sucede especialmente en los niños, pues afectan la formación de sus capacidades físicas y mentales. Es poco muy importante para el mejora de un país, no se está cuidando lo nuclear. Los cambios en la dieta en esta sociedad de consumo en la que vivimos nos están llevando cada vez más a estos problemas”.

Sin duda, los problemas se multiplican a medida que se profundiza en hábitos cada vez más adquiridos que se suman, por ejemplo, a combinaciones o preparaciones equivocadas. Asimismo está la incorporación de dietas o alimentos que no son adecuados para el tipo de organismo que tienen la mayoría de los bolivianos, a diferencia de los de otras sociedades. Finalmente, se agregan las condiciones psicosociales que desencadenan los problemas alimentarios.

crema y frita

“Para el desayuno, por ejemplo, se recomendaba incluir alguna proteína”, explica Verónica Cortez. Muchas personas han incorporado la crema en sus dietas. Pero desafortunadamente la crema tiene una proteína llamamiento caseína. Esta proteína, para las personas que tienen linaje tipo O, es tóxica. Ojo, no hablo de la intolerancia a la lactosa, que es otro problema, sino de la caseína que provoca problemas en las articulaciones, alergias. Entonces, si consideramos que la mayoría de los bolivianos tienen el tipo de linaje ‘O’, se debe evitar la crema, pero la tendencia se ha invertido”.

Cortez incluso cita otro tipo que se utiliza masivamente en la dieta de los bolivianos: los aceites con los que se fríen los alimentos. “Los aceites son mucho proinflamatorios, prooxidantes y proenvejecimiento en el cuerpo”, explica. Por lo tanto, consumir cualquier cosa frita acelera el proceso de envejecimiento. Si tenemos un problema como la artritis o la artrosis, la inflamación y el dolor aumentan.

Los problemas se multiplican en relación a cantidades, horarios, formas de preparar y aspirar los alimentos. Los nutricionistas advierten de poco así como un desequilibrio generalizado que afecta la dieta de la mayoría de los bolivianos. A todo ello, le suman un componente incluso propio de la modernidad y el urbanística: la manutención psicológica, que puede convertirse en un desencadenante de enfermedades crónico-degenerativas.

La dieta psicológica

“Estos cambios en los hábitos alimenticios, la desliz de gimnasia, el no acostarse lo suficiente y el exceso de estrés afectan mucho la sanidad de los bolivianos”, dice Medina. Al tener más estrés, por ejemplo, el cuerpo activa mecanismos de defensa. Por ejemplo, aumenta la producción de la hormona llamamiento cortisol. Esta hormona promueve la formación de más carbohidrato e insulina. La insulina es una hormona que sirve para transportar la carbohidrato al interior de las células para aumentar la actividad física. Así que este tipo de fenómenos precipitan aún más los males antiguamente mencionados”.

Dada la escalera del problema, parece que las iniciativas de las autoridades estatales han sido, si no imperceptiblemente, ineficaces. De hecho, recientemente el Vicepresidente de Estado, David Choquehuanca, llamó a “la descolonización del estómago” de los bolivianos. Pero es claro que el problema va mucho más allá y requiere políticas de Estado importantes y decididas.

No en vano una fresco investigación publicada en la revista médica The Lancet indica que los problemas de una mala viandas provocan 11 millones de muertes al año en el mundo. Aparentemente, Bolivia está contribuyendo con una parte cada vez más desproporcionada a este género fatídico de víctimas.



https://www.lostiempos.com/oh/presente/20220919/buena-fatal-mesa-bolivianos

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