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División en el PSOE por la campaña de ataques a Feijóo

El PSOE despega. El partido se sumió en un estado de desolación tras el desastre de Andalucía del que le costó librarse. Los socialistas cedieron su tradicional hegemonía a pulmón de votantes que oxigenaron a las mayorías socialistas para asistir a La Moncloa. El impresión emocional trascendió lo meramente político y el electorado languideció sin incentivos para personarse a las urnas. “Las encuestas nos decían que el 30% de nuestra masa se abstenía”, cuantifica un presidente regional. El punto de inflexión se produjo antiguamente del verano, cuando Pedro Sánchez subió a la tribuna del Congreso en el debate sobre el estado de la nación y reorientó el rumbo, anunciando nuevos impuestos a las empresas energéticas y a los bancos. Un remezón con intención inmediato en las filas socialistas, cuyos diputados ya han nacido del pleno “conectados”.

El desvío a la izquierda –como reverso a los orígenes– fue claro. Un punto de inflexión que poco tiene que ver con la inclinación mayoritaria de un tesina que averiguación mantenerse en el poder. Para ello, como aceptablemente sabe Sánchez, hay que sobrevenir por el carril central. Pero para ampliar el espacio primero es necesario consolidar su posición original y en el PSOE reconocen la profunda “desmovilización” de sus filas. «Primero tienes que activar el tuyo y luego tienes que ir al centro. Se sumarán si ven que tienes un tesina cachas y con garantías de vencimiento”, resume gráficamente un dirigente territorial. Y en esta tarea se sigue esforzando el partido y el presidente en primera persona. La logística de atacar a Alberto Núñez Feijóo para desactivar la retrato demoscópica que vive desde que llegó a Génova estaba orientada en ese sentido, para espolear votantes y mover las urnas, pero en el PSOE hay división de opiniones sobre su efectividad a medio plazo.

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